JANAS, XANAS, MOURAS, ANJANAS: SERES FEÉRICOS DE LAS MITOLOGÍAS: GALLEGA, ASTURIANA, LEONESA Y CÁNTABRA

La xana es uno de los personajes más conocidos de la mitología asturiana y leonesa. Bajo ese nombre genérico se agrupan varios tipos de hadas difundidos en los diversos folclores. Suelen habitar en zonas de aguas puras y cristalinas (agua viva, es decir, arroyos, cascadas…).

La leyenda se encuentra muy arraigada en parte de León y Asturias, como prueba el gran número de topónimos que llevan por nombre Les Xanes (plural de xana en asturiano central y leonés central), por ejemplo, el Desfiladero de las Xanas.

En Las brujas y su mundo, el historiador Julio Caro Baroja relaciona la figura de la “xana” con la de la diosa Diana (Artemisa), como variante regional de un mito común en diversas mitologías europeas. Jana era un antiguo nombre con que se designaba a las hechiceras durante la Edad Media. Un ser feérico equivalente con el nombre de anjana se encuentra también en la vecina mitología cántabra.

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EL AUTOR: ANTONIO CENIZA

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La palabra jana o xana ‘hada o ninfa de las fuentes’ no la recoge el DRAE. No obstante, ya en 1745 el padre Martín Sarmiento en su Catálogo de voces y frases de la lengua gallega recoge la primera. En su forma asturiana, xana, será Gumersindo Laverde Ruiz quien la utilice por primera vez en la Revista de Asturias en 1879.

Según Ramón Menéndez Pidal (1900), el origen del término estaría en la palabra latina Diana . Si partimos de este presupuesto, habría que suponer que se produjo una palatalización del grupo di- en el paso del latín vulgar al romance medieval formándose el fonema prepalatal fricativo sonoro /ž/, representado por la letra j- , que en el Siglo de Oro, cuando los tres pares de sibilantes se reducen, se habría convertido en sordo  /š/ representándose por la letra x-. En leonés se habría detenido aquí la evolución, que en castellano habría avanzado mediante velarización para convertirse en el fonema velar fricativo sordo /x/, representado por la grafía j-DIANA>*JIANA>XANA>JANA .

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XANAS, LES XANES ASTURIANAS:

En ocasiones, las xanas cambian los bebés de alguna madre por uno de sus xaninos, para que éste reciba el bautismo, sea amamantado por su madre adoptiva o aprenda a hablar como los humanos.

Además del hada secuestradora está el hada encantada, que se muestra junto a una fuente o en algún otro lugar especial, el primer día del verano, esperando que un valiente la desencante mediante alguna prueba o ritual de iniciación. Este mito, muy corriente en Europa Occidental, tiene en Asturias dos variantes principales: “El bollo de cuatro picos” y “La mujer serpiente”. Ambos transcurren en la madrugada de San Juan, cuando la xana (a veces bajo otro nombre como “encantada”, “mora” o simplemente “moza”, “señora”) se aparece junto a la fuente.

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En “El bollo de cuatro picos” la xana le entrega un pan de cuatro picos al protagonista masculino, ordenándole que lo conserve intacto durante un año, al cabo del cual, la xana quedará desencantada y él ganará el inmenso tesoro que ella custodia. Pero durante ese tiempo la esposa del hombre encuentra el pan y se come uno de los picos, que comienza a sangrar. La mujer procura disimular el desaguisado y el hombre, cuando llega de nuevo San Juan, acude a la cita sin sospechar nada.

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Arroja el pan a la fuente o cueva y espera que la xana aparezca. El pan se transforma en un caballo, que serviría para sacar a la xana de su encantamiento, pero el animal ha quedado cojo de una pata y el encantamiento resulta frustrado. La xana entonces reprocha al hombre que tenga una esposa tan indiscreta y comilona. “Perdiste de desencantarme y de hacerte rico. No obstante, llévale a tu mujer este pañuelo de recuerdo”. El hombre regresa a casa y, deteniéndose a beber en una fuente, posa el pañuelo sobre un árbol… que al momento estalla en llamas.

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En “La mujer serpiente” el argumento es mucho más sencillo: de nuevo hay que desencantar a la xana, pero el procedimiento es diferente. La xana advierte al protagonista que deberá probar su valor. Ella se convertirá en una serpiente monstruosa y él deberá dejar que ella se le enrosque alrededor del cuerpo, para darle un beso en la boca (otras veces, tendrá que arrancarle un clavel que el monstruo sostiene en las fauces). En algunas variantes del cuento, el protagonista triunfa, desencanta a la xana y se lleva su tesoro. Otras veces, el temor le vence y la xana le castiga arrojándole su peine, dejándole cojo y condenándolo, a veces, a morir antes de que transcurra un año.

JANAS LEONESAS:

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Las janas son uno de los personajes más conocidos de la mitología leonesa y asturiana por la profusión de relatos y topónimos que aluden a ellas. Forman parte del culto a las aguas, fuentes, ríos, cuevas y seres que en ellas habitan, como las ninfas, ondinas o mouras. <<El medio acuático ha inspirado a los hombres de todas las épocas un sentimiento de veneración. Las aguas simbolizan la totalidad de las virtudes>> (José A. Balboa de Paz).

Si buscamos un antecedente clásico, lo encontraremos sin lugar a dudas en las ninfas de la mitología grecoromana. Aquí eran doncellas que poblaban la campiña, el bosque y las aguas. Eran consideradas como divinidades secundarias. Existían diversas categorías o tipos, que se distinguían por el lugar donde estas habitan: náyades (ninfas de las fuentes y corrientes de agua), nereidas (ninfas del mar), oréades (ninfas de las montañas), alseides (ninfas de las floresta) y hamadríades (ninfas anexionadas a un tipo de árbol).

Las náyades grecorromanas reciben diferente nombre en la geografía del norte de la península ibérica, formando un conjunto de seres mitológicos constituido por hermanas, que, como es evidente, comparten una comunidad de rasgos idiosincrásicos y morfológicos. Me estoy refiriendo a las donas gallegas; las xanas asturianas; las janas leonesas, palentinas o cántabras; las lamias vascas o las dones d’aigua catalanas. Todas ellas serán protagonistas de multitud de relatos folclóricos que encontraremos en la zona antes citada.

Son, pues, las janas diosas de las aguas dulces, puras y cristalinas, que habitan en las fuentes o en las cuevas de donde sale un reguero de agua cristalina, aguas a las que se les atribuye multitud de propiedades, en unos casos beneficiosas y en otros perjudiciales. Como sucede con otros elementos de la mitología pagana, la religión las ha cristianizado levantando ermitas allá donde la fuente o el paraje era conocido por el nombre de la jana .

Son, pues, diosas del bosque. Su vivienda se suele describir como maravillosa  «Hermosas ninfas que, en el río metidas,/ contentas habitáis en las moradas/ de relucientes piedras fabricadas/ y en columnas de vidrio sostenidas») y los utensilios que utilizan (ruecas, usos, bolos, tijeras, peines, etc.) son de oro. Se las presenta rodeadas de gallinas y huevos de oro, como de oro serán los regalos que realicen. Por tanto, son poseedoras de un gran tesoro .

Se las describe como mujeres pequeñas, de extraordinaria belleza, larga cabellera rubia, ojos verdes y mirar fascinante, ataviadas con trajes típicos de la región, según unos lugares, o con túnicas plateadas o blancas, según otras.

Su poder de seducción -a través de su hermosura, su canto o el brillo áureo de sus tesoros- es tal, que el hombre seducido no puede evitarlo. Sea cual sea su estado, casado, viudo o soltero, se rinde a sus encantos. Así lo dicen estos versos de la localidad asturiana de Albandi:

To madre te espera,
to padre te llama;
los ñeños tan solos
y tú con  la xana .

A pesar de esas relaciones, estas uniones no perseveraban. Tienen hijos, aunque no se les conocerá el padre. En ocasiones, y ante el descuido de sus madres, cambian a sus jardines por los de las lugareñas para que estas los amamanten y se fortalezcan, ya que se dice que nacen frágiles y enfermizos. Cuando lo estiman oportuno, los devuelven y recobran los suyos.

Tres son las ocupaciones fundamentales que se les atribuyen: peinar sus largos cabellos con peines de oro, hacer la colada a la luz de la luna y divertirse cantando y bailando. Regalan ovillos de oro y alhajas a los pastores y a quienes les prestan algún servicio. También suelen conceder deseos.

Sus horas preferidas son las del alba, cuando se las puede ver en sus quehaceres, pero sin que ellas te perciban, porque entonces te castigarán, como castigan a los amantes infieles y protegen a los enamorados. Según algunos relatos, existen janas encantadas, que buscan quién las desencante, al que recompensarán con el tesoro que guardan. La noche más apropiada para este ritual mágico es la de San Juan. Cuatro son los modos para llevar a cabo el desencantamiento:

  1. Llegar a ellas tirando del hilo de oro de su madeja.
  2. Coger la gallina de oro o alguno de sus polluelos.
  3. Mediante conjuros.
  4. Tocándoles con una prenda de lino que haya estado antes en la iglesia.

La creencia popular también las relaciona con la hechicería, amén de presentar tres de sus rasgos fundamentales definitorios, como revelan estos versos del romance «El cueto lloro», recogido por Manuel Pidal en Asturias:

¡Ay!, que una xana hechicera
lavando está en Fuentenoble,
lavando cadejos de oro,
vestida de mil primores.

Sin lugar a dudas, están emparentadas con las ninfas griegas, y especialmente con las náyades o ninfas de los cuerpos de agua dulce (fuentes, pozos, arroyos, ríos). Eran personajes de gran longevidad, pero mortales. Encarnan la divinidad del manantial o del curso de agua que habitan. Unas veces viven solas, otras en compañía de hermanas. Se podría afirmar que en el mundo clásico no hubo fuente importante que no tuviera su náyade o grupo de náyades protectoras .

En otras zonas leonesas estos seres de leyenda reciben el nombre de encantadas o encantos, aunque también pueden aparecer identificadas como simples señoras, mozas o doncellas, con lo que su carácter mitológico a veces va diluyéndose o perdiéndose al mismo tiempo que se olvidan las leyendas que se refieren a ciertos lugares donde la tradición les atribuye su morada; en todo caso, el nombre leonés más extendido es el de mora (o moura en leonés occidental y en gallego).

Como ocurre con los míticos mouros o moros leoneses y gallegos , nada tiene que ver este nombre con el de las mujeres musulmanas históricas, pues su origen hay que relacionarlo con el culto a las ninfas de la Antigüedad clásica, espíritus divinos que residían en los bosques, montes, ríos y fuentes y de los que la epigrafía romana de León ha dejado varios testimonios, y con las diosas-madres precristianas dispensadoras de abundancia y protectoras de los cultivos y de las personas.

La mitología leonesa representa en general a estos seres como mujeres de apariencia humana y de gran hermosura que suelen manifestarse peinándose y habitando en fuentes, cursos de agua, pozos o cuevas, a veces custodiando grandes tesoros. Los relatos populares sobre nuestras mouras míticas son muy abundantes en el antiguo Reino de León, aunque con frecuencia solo describen alguno de los elementos del mito.

En el Pozo da Moura, cerca de Lubián (Sanabria, Senabria en leonés, Zamora), la leyenda local refleja muchas de las características más relevantes de estos entes, pues en cierta ocasión unos vaqueiros encontraron a una joven rubia que escapó de ellos hasta que llegó al borde del pozo en cuestión, desde donde llamaba a su madre; la tradición continúa refiriendo que en dicho pozo hay un tesoro compuesto por un telar y gran cantidad de mesas de oro y plata, y que todas las mañanas al amanecer salía la moura del fondo para sentarse en una piedra a peinarse.

Sin embargo, la tradición más repetida en el ámbito leonés sobre estas mujeres sobrenaturales presenta otras peculiaridades y, en resumen, refiere como una mora (una xana, una moura, una encantada…) se aparece en un lugar apartado o en un camino solicitando ayuda a una campesina para dar de mamar al hijo de aquella. Si la campesina accede recibe a cambio y en pago por su labor de nodriza un regalo escondido en un pañuelo, un mantillín o en un mandil, pero con la prohibición expresa y tajante de no mirarlo hasta llegar a casa. Casi siempre, cuentan nuestras leyendas, la improvisada nodriza termina por ceder a la curiosidad y en el regreso a casa descubre que el regalo son unos simples trozos de carbón, por lo que los tira disgustada. Ya en casa la campesina se percata de que entre los pliegues de la tela que envolvía lo que parecían ser carbones hay una moneda de oro, descubriendo entonces que los trozos de carbón eran en realidad oro encantado; esto provoca que la mujer dé la vuelta en busca del resto de carbones arrojados antes, pero siempre sin poder dar ya con ellos pues la mora airada por faltar la mujer a su promesa de no mirarlos los recogió previamente.

MOURAS GALLEGAS:

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Las mouras son como las hadas, xanas, fées, fairies tan conocidas de otros países. Estos seres fantásticos femeninos moran en pequeñas lagunas, ríos, castros, pozos, cuevas, minas…pero casi siempre bajo tierra. En las historias que se han podido recoger (sobre ellas hay muchos más registros que casi sobre cualquier otra criatura mitológica gallega) suelen ser denominadas «encantadas» cuando adoptan la forma de serpiente o «mouras» cuando se vinculan a un castro, túmulo o monumento prehistórico.

El color de su pelo varía de unas leyendas a otras: en el castro de Santiago de Tortoreos (Las Nieves, Pontevedra), la moura sale a peinar su blanco pelo. En cambio, en el castro de Illón (Saviñao, Pontevedra) son descritas como esposas de los mouros siendo sus cabellos largos y negros. Sin embargo, lo más normal es que cuando se hace referencia a su cabello éste sea de color dorado o rojo. Aunque en lo que están todas de acuerdo, es que tienen una obsesión por peinar sus largas cabelleras con un peine de oro.

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Existen otro tipo de mouras que pueden desplazarse por el aire llevando enormes piedras megalíticas sobre la cabeza, al mismo tiempo que hilan con una rueca o llevan un niño en brazos, algo que indica reminiscencias de las características de una arcaica Diosa Madre. En todos los países europeos en los que se encuentran dólmenes y otros monumentos megalíticos, se conserva un variado tesoro de leyendas y creencias sobre el origen fantástico de estas antiguas construcciones sobre todo por el gran tamaño de las construcciones. Parecido a la leyenda de las mouras gallegas constructoras de megalitos están los gigantes del folklore de Cornualles. Existe tal cantidad de folclore detrás de la construcción de megalitos por parte de las mouras con todos los símbolos (rueca, niño en brazos, etc.) que me da para otra entrada entera en vez de alargar esta demasiado.

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Las mouras solicitan el favor de niñas pequeñas para que las peinen a cambio de algún regalo. Incluso existen leyendas en la comarca lucense de Saviñao, donde una señora le pide a una jovencita humana que le mire la cabeza a ver si encontraba algún piojo y se los quitara. En agradecimiento, recibe carbones encantados de esos que al final acaban por convertirse en monedas de oro al llegar a casa.

En otras muchas leyendas las mouras se presentan como una tendera que vende ricos productos. Si te encuentras con una, cuida bien de decirle que lo que más te gusta de la tienda es la tendera, o sea, ella. ¡No elijas ninguna otra cosa!

«- ¿Qué es lo que te gusta más de la tienda?
Si el mozo responde «me gustan esas tijeritas…», está aviado. La moura respondería:
-¡Pues que te quiten los ojos con ellas!
Pero si el mozo responde con más sentido común, a la vez que con galantería, diciendo:
-Me gusta mucho la tienda, pero mucho más la tenderita,
ésta sería la frase mágica, ya que todo lo que hubiera en la tienda se convertiría en oro y la moura le daría a escoger lo que quisiera.» (Callejo Cabo, 1995:166,167).

 

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A veces se presenta también como una chica guapa y quedan con un chico para el día siguiente y, a la hora de la cita, en vez de la guapa chica, viene una enorme cobra, que le pide un beso. Para desencantarla y conseguir su amor o sus riquezas, tienes que dejar que te lo de.

La leyenda más conocida de una moura que se transforma en serpiente es la que se recogió en la zona de Chan da Moura (Rivadavia, Ourense), donde una moura peinaba sus cabellos con un peine de oro. Muchos la veían pero no se atrevían a acercarse a ella hasta que un chico se atrevió a hablar con ella. Ella le confesó que estaba encantada, al igual que sus tesoros, y que si él quería desencantarlos, tendría que venir una noche y ella aparecería con forma de serpiente con un clavel en la boca. Él no debía tener miedo y tenía que dejar que se le enroscase y sacarle el clavel de sus labios. Así lo hizo el mozo, hasta que en el último momento la aprehensión pudo con él, sin conseguir retirar el clavel. La serpiente murió, surgiendo a la vez un tremendo ruido en el monte.

En otros relatos hay que darle nueve besos a la serpiente (el nueve, ese número mágico!) «El que me desencantare, nueve besos en la boca me ha de dare» como sugiere esta estrofa popular.

La primera mención de este personaje, aunque aún no se le llamaba moura, es de Vasco de Aponte cuando habla de la Cova da Curuxa (siglo XV). Vázquez de Orxas ya les llamaba así a comienzos del siglo XVII.

Tipología de la moura:

El personaje de las mouras tiene dos caras. Por un lado tenemos a la moura que carga grandes rocas, que sería algo así como «la supervivencia de una diosa antigua, una diosa de la naturaleza»  y por otro lado, está la moura atractiva que tiene un tesoro encantado, que pide que la desencanten y que ese proceso de desencantamiento siempre fracasa. Esta última representa la expectativa de futuro, es bonita, ofrece amor, y ofrece todo lo que un joven puede desear: trabajar poco, tener mucho y tener una chica hermosísima y diferente a todas las demás.

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ANJANAS CÁNTABRAS:

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Las anjanas de la mitología cántabra son hadas, aunque el término “anjana” viene de “jana” que en la antigua España de la Edad Media se utilizaba para designar a las brujas o hechiceras. En cambio, en algunas zonas de Italia el término “jana” significaba hada. Concuerda más con el concepto que ahora mismo tenemos en Cantabria de lo que son las anjanas realmente. Hadas buenas, que están en la tierra durante dos siglos para hacer el bien y ayudar a las personas que más lo necesiten. Siempre se ha dicho que su apariencia es de extrema belleza y dulzura, su voz igual que la de un ruiseñor y  que huelen como las más hermosas flores de la tierra.

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Las típicas anjanas son más bajas y pequeñas que una persona de una estatura normal, con una larga y hermosa melena rubia, que adornan con coronas de flores hechas por ellas mismas y que recogen en bosques y campos.

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Con lazos que, dicen, brillan por las noches, se hacen trenzas y recogidos. Su piel es muy blanca y sus ojos azules como el cielo. Van vestidas con una túnica blanca, cubierta  con una capa de color azul, con adornos y detalles bordados con hilo de oro. Siempre  se acompañan de un bastón, que puede ser de fresno, adornado con flores, o incluso rematado con una especie de estrella, con la que iluminaban la noche, y guiaban a la gente que se perdía por el bosque. La única vez que cambian sus ropajes, se dice que es el día de Viernes Santo, que se ponen de total luto. Entonces se quitan sus hermosas coronas de flores.

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Hay más variedades de anjanas en Cantabria: morenas con largas melenas, con coronas de espino y espigas adornando sus cabellos, con capas grises o amarillas, incluso con una estatura de un ser humano normal,  muy delgadas, blancas de piel y con unos ojos negros como la noche. Otras, en cambio, se muestran vestidas con ropas hechas de la lana de las ovejas. También. según nuestra mitología, decían que algunas tenían cruces marcadas en la frente o, incluso, un tercer ojo. Y al ser hadas, también pueden tener unas alas pequeñas en la espalda. Como véis, puede haber tantos tipos de anjanas como pueblos y zonas hay en Cantabria.

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El hombre, para su sustento vital, necesita imperiosamente el agua. Una de las formas de protegerla, de que nadie la contamine es encomendar esta tarea a diosas benefactoras y protectoras del líquido elemento: las janas, las xanas, las mouras, las anjanas, etc.

 

 

 

FDO: ANTONIO CENIZA

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Publicado por: misteriosleyendasdegaliciayasturias

Ferrolano de Nacimiento, Maestro de Primaria y Educación Especial, Orgulloso de mis dos tierras Galicia por parte Paterna y Asturias por parte Materna. Amante del Misterio, Arte, Historia, Antropología y la Tecnología. Redactor/Editor Jefe y Subdirector del Grupo de Investigación Misterios Galicia (G.I.M.G) y Misterios de las Noches Gallegas, Podcast Radio con la Sección de Misterios y Leyendas. Ex Redactor de Narradores del Misterio y Ex Redactor de Conspiraciones del Misterio. Colaborador de la revista El Mundo Sobrenatural, Cronicas del Misterio, Año 2019. Colaborador de la Revista Digital: Mundo Parapsicología Colaborador del Programa Radiofónico: La Puerta de la Pirámide con mi Sección Fija Semanal: Misterios y Leyendas de Ceniza (Escúchanos en Onda Diamante 98.3 FM Madrid). Colaborador del Programa Radiofónico 75 Escalones con mi Sección: Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico Tinieblas en la Ondas con mi Sección de Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico El Purgatorio de Herprat con mi Sección de Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico Incógnito File con mi Sección de Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico Misterio 51 con mi Sección de Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico Estudio Oculto de Gema Marcos con mi Sección de Leyendas de Antonio Ceniza. Colaborador del Programa Radiofónico Mundo Insólito Radio de Juan Carlos Baruque Hernández. Colaborador del Programa Radiofónico Hombres de Negro con mi sección: Realidad Subjetiva de Antonio Ceniza Colaborador Ocasional Programa Radiofónico El Último Peldaño Colaborador Ocasional Programa Radiofónico Con Misterio Radio.

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