CEMENTERIO DE SAN AMARO (A CORUÑA): HISTORIA, CÓLERA , PERSONAJES ILUSTRES

Las huellas de uno de los episodios más dantescos vividos en A Coruña se ocultan según algunos investigadores bajo la capilla del cementerio de San Amaro, donde habría una gran fosa común con centenares de víctimas de la pandemia de cólera que diezmó la ciudad en 1854. A los investigadores les llama la atención lo poco conocida que es esta terrible etapa de la historia coruñesa que, según un informe universitario, habría costado la vida a una tercera parte de la población de la ciudad a mediados del siglo XIX

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EL AUTOR: ANTONIO CENIZA

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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: CAPILLA DEL CEMENTERIO DE SAN AMARO,CORUÑA)
Hoy os vamos a hablar del cementerio de San Amaro, en A Coruña.
Sin duda, el nombre de San Amaro no es pura coincidencia, ya que cómo explicar Felipe Senén López Gómez, del Instituto José Cornide de Estudios Coruñeses, “En la tradición popular gallega San Amaro o San Mauro se asocia con el más allá. Cuenta la leyenda que fue santo peregrino a Compostela, que desembarca en un puerto y hace el camino sin llegar a poder entrar en la catedral por la multitud. Retoma entonces para coger el barco y ve nuevamente en aquel puerto de inicio una fila de gente que peregrina a otro templo. Pregunta y le dicen que son devotos de un santo que 300 años atrás había peregrinado a Compostela, sin poder cumplir su meta y que se llamaba San Amaro. Leyenda sobre la intemporalidad, sobre la búsqueda del Paraíso, siguiendo al Sol”.
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ORÍGENES:

Los orígenes de este cementerio datan de 1809 y con el paso de los siglos, cómo explica Suso Martínez, historiador y guía del cementerio, “este lugar será ampliado hasta configurar sus cuatro departamentos, y será dotado con una capilla joya neoclásica y un cementerio civil o de impenitentes”. Dentro de este cementerio, también nos encontraremos con un cementerio británico, en un terreno que fue comprado en 1867 por el cónsul británico en Galicia. En él se encuentran enterrados cónsules, marineros y ciudadanos no sólo británicos, sino también franceses, alemanes y suizos.
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ITINERARIOS:

Hay cuatro itinerarios que se pueden hacer dentro del camposanto:
– Itinerario de los creadores, historiados y científicos. Aquí yacen pintores, escultores, ingenieros, matemáticos, arquitectos, escritores como Wenceslao Fernández Flórez, autor de El bosque animado, Eduardo Pondal, autor del himno gallego y varios profesores de Picasso, que vivió en Coruña unos años durante su infancia. De hecho, su hermana de 7 años fue enterrada en este mismo cementerio al fallecer víctima de la difteria en 1895.
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– Itinerario de los políticos, los militares y los sueños de A Coruña. Se pueden ver las tumbas de varias personalidades de renombre fusiladas en la Guerra Civil, el del presidente del Banco Pastor, que en 1921 encargó construír en Coruña la sede del banco y que fue el edificio más alto de España en su época, la de Juana de Vega, otra de las “heroínas” de la ciudad por sus ayuda en la epidemia de cólera de 1854…
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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: Monolito al empresario Claudio San Martín, asesinado por los GRAPO en 1988)
– Itinerario de los secretos de San Amaro. Cuesta creer que en este pequeño cementerio haya enterrados soldados del III Reich que fueron víctimas del hundimiento del submarino U966 Gut Holtz el 10/11/1943 en Estaca de Bares (al norte de la provincia), también hay soldados musulmanes que murieron durante la Guerra Civil y decenas de personas muertas por el cólera, enterradas en posición vertical y bañadas con cal.
– Itinerario artístico. En este último itinerario se pueden observar los distintos mausoleos de las familias más pujantes de la ciudad, de los más variados estilos: neoclásico, neorománico, gótico, jónico, modernista y hasta un obelisco egipcio.
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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: Monumento a los Muertos en la Defensa de la Libertad)

SAN AMARO Y EL CÓLERA:

“En las dos primeras semanas del cólera, el cementerio fue desbordado y no quedó sitio disponible en las iglesias, a pesar de que habían pasado al osario común los restos carcomidos de nuestros próceres sin nombre”. Así se refiere García Márquez en su célebre novela El amor en los tiempos del cólera a la dantesca pandemia que hace más de 150 años asoló el planeta como un azote de Dios. La epidemia, procedente de Asia, entró en América por Cartagena de Indias, donde mató a la cuarta parte de la población y donde García Márquez sitúa la trama de su obra, la primera escrita después de recibir el Nobel. La puerta europea del infierno colérico se abrió en Galicia a finales de 1853, cuando tres marineros del barco de guerra Isabel la Católica, anclado en la bahía de Vigo, fueron internados en el lazareto de la isla de San Simón. El contagio se extendió por toda España como una maldición: en apenas un año, mató a cerca de trescientas mil personas y A Coruña, una de las provincias más castigadas por el horror desatado, escribiría una de sus páginas más espantosas.

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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: Tumbas, hoy desaparecidas, de soldados alemanes caídos frente a las costas gallegas en los años 40)

 

Llama la atención que un capítulo de tanta trascendencia en la historia coruñesa se encuentre tan poco documentado, por no decir prácticamente en blanco, hasta el punto de que en los libros de historia más extensos publicados sobre la ciudad, ocupe tan sólo una anecdótica referencia de unas pocas líneas. “Si la terrible historia del cólera en España no es muy bien conocida, en Galicia lo es aún mucho menos”, reconoce el doctor Xosé Carro Otero, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía, una de las escasas fuentes, que dedica a la epidemia que diezmó A Coruña un capítulo de su libro Materiais para unha historia da medicina galega.

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Tal como señala el Nobel colombiano sobre el desconocimiento del verdadero alcance de los estragos del cólera en Cartagena de Indias, también en A Coruña existen discrepancias sobre la mortalidad causada por la atroz epidemia, aunque es indudable que provocó una de las mayores catástrofes en la historia de la ciudad y de la provincia.

Otero Carro aporta en su libro datos de la época recogidos en 1974 por el fallecido general de Sanidad Miguel Parrilla Hermida a través de libros de difuntos aún conservados en parroquias coruñesas, que arrojan en un trimestre de 1854, de septiembre a noviembre, el fallecimiento de 1.215 personas sobre un censo de 24.000. Es decir, una tasa de mortalidad del 5% de la población.

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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: Nicho de Benito Pla y Cancela)

“Yo me atrevería a decir que el cólera causó en 1854 la muerte del 10% de los coruñeses”, afirma sin embargo la investigadora Aurea Rey, profesora del instituto de Zalaeta y ex presidenta del Círculo de Artesanos, probablemente la persona que más ha indagado en este tenebroso episodio de la historia coruñesa, con la finalidad de rellenar las enormes lagunas existentes sobre la dimensión de la epidemia. Durante años se sumergió entre miles de actas y legajos ocultos en el intrincado laberinto de los archivos institucionales, muchos de ellos prácticamente ilegibles por el deteriorado estado de conservación. Las cifras de muertos computados en los libros parroquiales se refieren sólo a los enterrados legalmente con nombre y apellidos, “pero los muertos reales tuvieron que ser muchos más”, sospecha Aurea.

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El escenario de la ciudad era dantesco: la gente trataba de huir despavorida, las campanas tocaban permanentemente a muerto, hasta el punto de que tuvieron que prohibir los tañidos porque los miles de enfermos se desesperaban, y los campesinos hambrientos, que recorrían las calles voceando su angustia, eran expulsados por la Guardia Civil. Los entierros se celebraban sólo por la noche y sin atravesar la ciudad. Había pánico a los muertos, que marchaban con los niños del asilo y existían fundadas sospechas de que muchos enfermos de cólera fueron enterrados vivos. “Yo no me atrevo a decir cuántos coruñeses murieron realmente en esa epidemia, pero tuvieron que ser muchos más que los registrados legalmente en las parroquias. No se pone el cólera como causa de la muerte hasta que no queda más remedio, ya que los comerciantes temen el cierre de la ciudad y del puerto. Sorprende por ejemplo en los datos de la época la bajísima mortalidad registrada oficialmente en las cárceles, cuando tuvo que ser altísima. Las condiciones de la cárcel de mujeres, ubicada entonces en lo que después sería la fábrica de tabacos, eran tan aterradoras que cuando se entraba con un farol abierto se apagaba por falta de oxígeno.

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(FOTOGRAFÍA SUPERIOR: ENTRADA CEMENTERIO SAN AMARO)

Los campesinos famélicos que eran devueltos a sus aldeas volvían continuamente y la mayoría seguramente infectados por el cólera. Esos muertos no eran enterrados en panteones ni en nichos. Hicieron una fosa común para enterrar en cal viva a centenares de coléricos. Yo no he encontrado referencia oficial a esa fosa en los documentos de la época, pero descubrí una carta de un alumno de un profesor coruñés de finales del XIX en la que cuenta que su abuela, que vivía en la calle de Riazor y murió del cólera, fue enterrada con otros coléricos en esa fosa común. La carta, que está guardada en la Real Academia Galega, en el fondo de los hermanos de la Iglesia, está remitida por un una persona llamada García Boedo, que había sido ex alumno de Francisco de la Iglesia en las escuelas de San Agustín. Este hombre, que se encontraba embarcado en una fragata, escribe a su hijo Felisín, también tripulante de un barco, y le da instrucciones, con motivo de una visita a A Coruña. Indica a su hija dónde tiene que alquilar caballos para visitar a sus tías y le dice también dónde está enterrada su abuela, en una fosa común con otras muchas víctimas del cólera. En la carta se dice que sobre esa fosa fue construida la capilla del cementerio de San Amaro”, desvela Aurea Rey.

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La estadística más sobrecogedora sobre los estragos del cólera en A Coruña corresponde al informe inédito de Nicasio Landa, médico oficial de epidemias en 1854 considerado por los expertos como un pionero de la epidemiología en España, que le atribuye a la provincia de A Coruña un índice de mortalidad de 308 por 1000 habitantes. Según estos datos, recuperados en 1999 por la Universidad Pública de Navarra, la epidemia se habría cobrado las vidas de casi la tercera parte de la población coruñesa. “Con los condicionantes de la época, y teniendo como únicas fuentes a los libros parroquiales y aun así sólo parte de ellos, es muy difícil discernir el verdadero alcance de la mortalidad provocada por el cólera en A Coruña en 1854, pero esas cifras me parecen demasiado altas”, matiza el doctor Carro Otero. Un informe publicado en octubre de 2002 por el ingeniero técnico municipal Manuel Lorenzo Mejuto sobre el alumbrado público en A Coruña, recuerda que la iluminación por gas fluido fue inaugurada precisamente en 1854, “un año terrible para la ciudad”, contextualiza el autor, “en el que la epidemia de cólera llegó en su período agudo a ocasionar más de 300 defunciones diarias”.

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LISTA DE PERSONAJES ILUSTRES DEL CEMENTERIO DE SAN AMARO:

  • Juana de la Vega Martínez (1805-1872), mujer liberal, en cuyos salones se reunían los líderes progresistas e intelectuales de la época, fue tutora de la Reina Isabel II.
  • Benito Pla y Cancela (1812-1874), vicepresidente del congreso de los diputados, consejero del estado y decano del colegio de abogados de la audiencia de La Coruña.
  • Marcial del Adalid y Gurrea (1826-1881), músico y compositor, creador de la música académica gallega, marido de la poetisa y escritora Fanny Garrido.
  • Manuel Martínez Murguía (1833-1923), historiador y político, primer Presidente de la Academia Gallega, precursor de la Galicia moderna, y marido de la escritora Rosalía de Castro.
  • Eduardo Pondal Abente (1835-1917), poeta, importante figura del Resurgimiento y autor de la letra del himno nacional gallego.
  • Manuel Curros Enríquez (1851-1908), poeta, periodista y uno de los máximos exponentes del Resurgimiento.
  • José Castro González (“Chané”, 1856-1917), músico y primer director de El Eco.
  • Manuel Lugrís Freire (1863-1940), escritor, político, orador y Presidente de la Academia Gallega.
  • Manuel Linares Rivas Astray–Caneda (1866-1938), político y dramaturgo español, hijo del político Aureliano Linares Rivas.
  • Manuel Casás Fernández (1867-1960), abogado, escritor y fundador del Instituto de Estudios Gallegos, además de Presidente de la Academia Gallega, y alcalde de La Coruña.
  • Wenceslao Fernández Flórez (1885 -1964), escritor y columnista, conocido por su obra El Bosque Animado.
  • Edith Hamilton Little (1887-1893), hija del Cónsul británico Sydney Hamilton Little.
  • Pedro Barrié de la Maza (1888-1971), Conde de Fenosa, empresario y fundador de Unión Fenosa.
  • Conchita Ruiz Picasso (1888-1895), hermana del pintor Pablo Picasso, murió en La Coruña debido a una angina diftérica.
  • José Martínez Pereiro (1888-1957), mi bisabuelo, asesor jurídico del ayuntamiento de La Coruña y director del periódico El Ideal Gallego.
  • Alfonso Molina Brandao (1907-1958), alcalde de La Coruña fallecido en Brasil.
  • José Luis Pérez-Cepeda Piñeiro (1911-1966), alcalde de La Coruña y Presidente del Real Club Deportivo.
  • Pedro Galán Calvete (1917-1936), secretario de la Organización de las Juventudes Gallegas.
  • Claudio San Martín (1934-1988), empresario y fundador de Supermercados Claudio, asesinado a sangre fría en su domicilio por los GRAPO.

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Una historia curiosa es la del niño héroe Juan Darriba Fernández, que falleció el 9 de Agosto de 1896 tras intentar salvar a Josefa Fernández de morir ahogada en la Playa del Orzan, pero el ataque de histeria que le entró a la mujer acabó hundiendo al pequeño, y aunque otro hombre nadó desde la orilla y logró sacarlos a los dos, el niño, de sólo once años, ya estaba muerto. El Ayuntamiento concedió perpetuidad a la sepultura de este niño tan valiente y a pesar de que ya han pasado más de 100 años de este suceso, como si del primer día se tratara, la tumba de Juan Darriba Fernández sigue teniendo flores frescas cada semana, al parecer depositadas por familiares descendientes de aquella mujer por la que arriesgó su vida.

 

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