LEYENDA DE SANTA LIBERATA

La antigua Balchagiam, hoy Bayona (Baiona), bello rincón de la costa gallega, era sede de Lucio Catelo, régulo de Galicia y Portugal. Su esposa se llamaba Calcia y ambos eran idó­latras y enemigos de los cristianos.

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EL AUTOR: ANTONIO CENIZA

©CENIZA777

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Calcia tuvo en un solo parto nueve hijas, y pensando en este hecho extraordinario que por así serlo podía despertar sospechas de su esposo, sospechas de infidelidad naturalmente, mandó con el mayor secreto ya que él estaba ausente, que las nueve niñas fuesen arrojadas al río de la Ramallosa distante dos kilómetros de Bayona. La partera cogió a las neófitas y marchó dispuesta a cumplir la orden; pero a mitad de camino, movida a compasión por aquellas infelices criaturas, pensó salvarlas y, cambiando de rum­bo, se dirigió a un pueblecito próximo. En él dejó las niñas al cuidado de ciertas mujeres cristianas que se encargaron de criarlas. Se las bautizó de inmediato imponiéndoles los nombres de Genoveva, Liberata, Victoria, Eumelia, Ger­mana, Gemma, Marcia, Basilia y Quiteria. Las educaron en la fe cristiana y el temor de Dios y las nueve hermanas ofrecieron su virginidad al Señor.

Santa Liberata

En el siglo II una funesta persecución amenazaba a los cristianos extendiéndose hasta Balchagiarn. Los idólatras denunciaron a las santas vírgenes que fueron detenidas y llevadas a la presencia de Catelo. Este las amenazó con el suplicio si continuaban en el cristianismo; pero ellas no vacilaron ante las amenazas del régulo y contestaron con firmeza que preferían mil veces la muerte antes que aban­donar la fe de Cristo. Catelo, impresionado ante la fortale­za de las niñas y encontrándoles un extraño parecido con su esposa, indagó su origen, y llamando a Calcia, las reco­noció como sus hijas. Se entabló entonces una lucha en, su corazón entre el amor de padre y la autoridad de juez: tenía ahora mayor empeño en convencerlas y les suplicó con todo cariño que se sacrificasen a los dioses; su madre in­tentó también con lágrimas persuadirlas, pero nada consi­guieron. El padre, enfurecido, renovó las amenazas conce­diéndoles un día de plazo para decidirse a adorar a los ídolos o morir. Las nueve hermanas convinieron en evitar el crimen de que fuese su propio padre quien las matara y escaparon de la ciudad cada una por diferente camino. Catelo mandó apresarlas y ocho de ellas fueron martiriza­das en diferentes sitios. Liberata se retiró a un yermo y allí se entregó a la oración y a la penitencia, alimentándose de raíces, y hierbas y macerando su cuerpo con toda clase de rigores; pero, como sus hermanas, llegó a ser descubierta por los gentiles que, atraídos por su belleza, la instigaban al pecado carnal siendo siempre rechazados por ella. Una vez capturada la obligaron a adorar á los dioses saliendo triunfante de esta prueba. Para intimidarla, le refirieron el martirio de sus ocho hermanas lo que la exaltó todavía más en el amor a Dios, y con alegría se entregó a sus verdugos. Fue sometida a varios tormentos, y por último, crucificada en Castraleuca, Lusitania, en el año 139.

Su cuerpo existía en la Catedral de Sigüenza y algunos de los huesos de su cabeza constaban en el sumario de la Cámara Santa de Oviedo.

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Culto y reliquias

Han ocurrido muchas confusiones con el culto de Santa Librada. En 1568, con la reforma de Trento y la revisión de los cultos y breviarios locales, el oficio propio de Santa Librada fue suprimido junto a todo el breviario de Siguenza, por contener muchos hechos apócrifos de varios santos, no solo de Librada. Aunque el culto a la santa no fue suprimido (es rarísimo que esto ocurra), se comenzó a rezar del oficio de común de vírgenes mártires. En 1585 se hicieron gestiones para que se volviera a aprobar el antiguo oficio y lecciones. En 1599, se volvió a insistir, pero había una polémica nada pequeña, sobre el cuerpo que se venera en Siguenza. Se decía que en 1300, el obispo Don Simón había traído el cuerpo verdadero ¡desde Como, Italia! Nada menos que habría llegado allí luego de pasar por un monasterio de monjes y otro de monjas y reposar allí en Italia más de 8 siglos. No olvidar el detalle de que en Como, efectivamente, se venera a Santa Liberata (16 de febrero), una monja muy posterior a nuestra Librada.

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En el siglo XIX esto quedó refutado demostrando que lo que hizo el obispo Simón fue una invención de las reliquias dentro de la misma iglesia catedral de Sigüenza, poniendo unas reliquias dentro de un arca de plata. Por una bula de Inocencio IV, se puede afirmar que dicho cuerpo ya era venerado en 1251, lo cual no es poco tiempo. Esta Bula concede indulgencias a los devotos de la santa, por lo que hay que concluir que el santo cuerpo ya sería lo suficientemente venerado en dicho sitio antes de 1300. Por esto, Baronio añadió al Martirologio Romano, en el día 18 de enero la anotación “In verbo Liberatae, de hac tabula Ecclesiae Comensis, ubi acta ejus asservari dicuntur”. Una parte de estas reliquias se donaron a Las Tablas, Panamá, donde Santa Librada tiene gran devoción.

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Librada, no Wilgefortis

Otra versión de Santa Liberata, o Wilgeforte, existe en el archivo de la Catedral de Beauvais. La hace hija de un rey de Portugal. Consagrada a Dios, es solicitada en matrimonio por el rey de Sicilia. Su padre la otorga y ella le pide al señor que le quite Su hermosura: una espesa barba le cubre el rostro, el pretendiente renuncia a ella y su padre, exasperado, la crucifica.
Por si lo anterior fuera poco, a Santa Librada se le ha asociado con Santa Wilgefortis (20 de julio), haciéndola la misma persona, y con tanta firmeza que incluso el día de su memoria litúrgica pasó del 18 de enero al 20 de julio, aunque aún en 1623 el Capítulo de canónigos de Siguenza votó en contra del cambio de día. El error nació en el siglo XVI, y se extendió por obra del mencionado P. Higuera, hagiógrafo sin muchos escrúpulos a la hora de inventarse detalles. Asoció a ambas santas y fundió sus leyendas sin el más mínimo criterio ni siguiendo tradición alguna, sino tomando el añadido que Molano hizo al martirologio de Usuardo: “Item Santæ Wilgefortis Virginis et Martyris, filiae Regis Portugaliæ, quam nonnulli latine Liberatam, theutonice autem Ontcomeram agnominant“. Hizo Molano una mezcla, pensando que el nombre latino de Wilgefortis era Liberata, así como el alemán era Ocommer, como también se conoce a Wilgefortis. Pero no significan lo mismo, ni pueden traducirse igual.

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Este error caló en el culto hasta el punto de que el mismo leccionario de Sigüenza, finalmente aprobado en el siglo XVII, dice “Wilgeforte o Librada“, poniendo el nombre de Wilgefortis como el principal”. Igualmente la iconografía consagró el martirio de Librada en la cruz, cuando fue por degollamiento. Y así hasta hoy, aún se cree es la misma. Y aunque sus leyendas se parecen en cuanto a la región (Galicia una, Portugal otra), y a que el padre las mató por rechazar un matrimonio, el origen de la leyenda de Santa Wilgefortis es otro, que no ocupa aquí.

FDO: ANTONIO CENIZA
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