EL ENCANTAMIENTO DE LA PRINCESA

Vivia en Asturias, en la localidad de Tereños, un Rey con una hija, cuya mano se disputaban cuantos príncipes contemplaban su hermosura. La Princesa, que estaba enamorada de un Conde, sostenia  tenazmente su actitud de rechazar las brillantes pro- posiciones de matrimonio que se le brindaban. Día tras día, su padre, el Rey, trataba de hacerle comprender con cariño y suavidad lo conveniente de un enlace que fuera digno de ella y la tranquilidad que para el supondría el verla bien casada.

1- TEREÑOS

La Princesa, a pesar de sus pocos años, no fue fácil de convencer. Estaba decidida a casarse por amor, y a ninguno de cuantos principes la habian solicitado por esposa consideraba digno de su afecto. Así pasaron los meses, sin que nadie lograra disuadirla en sentido contrario. El Rey se sentía envejecer por momentos y deseaba cada vez con mas angustia un heredero del trono.
Viendo que por la persuasion no podria nada contra su hija, se decidió a tomar una actitud mas energica; la mandó llamar a su presencia, y con gesto grave le ordenó que eligiese, en el  plazo de unos dias, entre los principes que habian solicitado su mano, si no queria exponerse a un severo castigo. La Princesa no se inmutó ante tales palabras, y con la misma serenidad de siempre le hizo saber que su decision era demasiado firme para dejarse doblegar por el amor, y que persistia en su idea de casarse con el Conde o quedarse soltera.

Enfurecido el padre ante tal rebeldia, optó aplicarle un castigo ejemplar, seguro ya de que nada podría hacerse contra su voluntarioso empeño. Así, pues, la invitó a dar un paseo en coche, mas sin comunicarle sus proyectos, y la condujo hasta el campo Perola, donde abriase una famosa cueva encantada de la que el pueblo refería cosas extraordinarias; decian de ella que su interior comunicaba con el infierno, y que el demonio, cuando venia al mundo a tentar a los hombres, salía por ella. Lo cierto era que aquella cueva exhalaba un tremendo olor a azufre, que hacia volar la imaginación hacia toda clase de sucesos diabólicos.

El coche del Rey paró en la misma entrada de la gruta y descendieron de el el Monarca y la princesita. Mientras ella miraba curiosa a su alrededor, su padre, mirándola muy fijo, la condujo para que, en castigo de su desobediencia, se convirtiera en culebra y viviera por siempre en la oscuridad de aquella cueva. Y añadió que solo se desharia del hechizo en el caso de que un hombre le diese tres besos en la lengua.

Al instante, la rubia y frágil belleza de la princesa desapareció y en su lugar contempló el Rey la ondulante y viscosa forma de una culebra monstruosa que se deslizó dentro de la gruta.

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Satisfecho al ver cumplido así su castigo, volvió el Rey a palacio; pero he aquí que, entre tanto, un pastorcillo que apacentaba su ganado por aquellos contornos y que había visto y oído la escena, se dirigió a la cueva, y venciendo su natural repugnancia, cogió a la culebra y sujetandole la cabeza le dio tres besos en la lengua. El conjuro quedó deshecho y la princesita recobro su forma humana. Agradecida al pastor, aceptó su demanda de matrimonio, y dicen que se quisieron mucho y vivieron felices el resto de sus dias, lejos del palacio del Rey.

FDO: ANTONIO CENIZA

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MI FIRMA

FUENTES:

http://leyendasquelita.blogspot.com.es/

https://espaciodeindrianiblog2.blogspot.com.es/

http://leyendasytradiciones.blogspot.com.es/

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